Mis mejores cadáveres (I): Palabras para Paloma

No sé como llegó hasta allí. Cuando la encontré estaba semienterrada en la nieve, inmóvil como si estuviese muerta. Ni siquiera tiritaba.
La recogí con cuidado, procurando no moverla con brusquedad; sin embargo, algún movimiento hice mal y se sobresaltó. Temí haberle hecho daño, haber apretado demasiado, así que decidí cogerla con más suavidad aún… como si se tratase de una flor. Ella pareció agradecer ese gesto y cerró sus pequeños ojitos mientras posaba su cabeza sobre mi brazo. La cubrí con mi bufanda.
Cuando llegamos a casa tú dijiste que qué era eso que tenía entre mis brazos. Te la mostré al tiempo que te dije que tuvieses cuidado de no asustarla. Tu único comentario fue “que asco“.
En lo que tardó en recuperarse no parabas de quejarte de que estuviese con nosotros, decías que era asquerosa y que se iba a morir mientras yo la entablillaba y alimentaba. Sé que la insultabas y que ella se sentía mal por eso, pero también sé que a mi me quería; que estaba agradecida por mis cuidados y que sabía que no permitiría que le hicieses daño.
Finalmente, tras dos semanas, se recuperó completamente y se marchó volando. Tú volaste también al poco tiempo, con un tipo bastante más alto que yo, y con bastante más dinero también.
Es duro ver como las cosas más bellas y más horribles comparten el mismo nombre y el mismo destino. Esa paloma vino hasta mí cuando más me necesitaba; tú, Paloma, también viniste en esas circunstancias. Esa Paloma se marchó cuando ya no le fui necesario; tú, Paloma, también te fuiste cuando ya no me necesitabas. Sin embargo, sé que ella volverá en primavera; como también sé que tú no volverás jamás.

Publicado originalmente hace demasiados años en Microrelatos.