Te escribo con palabras prestadas poque dices que de las mías no te fías. Y no te culpo, muchas veces he rodeado la verdad y no he dicho lo que quería, sólo lo que debía. Estas palabras, por tanto, no son mías, son de otros, son susurros y aullidos que antes describieron lo que otros sentían. Espero que de ellos sí te fíes, y en su gramática confíes.

No te he dado motivos para quererme, ni lo pretendía. No te he dado razones para sentirme, no necesito que me sientas. No quiero que te acerques, me gustas lejos. Y sin embargo no puedo evitar quererte cerca. Si fuese mujer te querría dentro; si fuese hombre me querría en ti. Pero soy aire, vago libre. Y libre quiero seguir. No es algo físico ni metafísico. Es algo natural, genético, programado. Tan racional que resulta irracional. Y la contradicción también lo es.

Donde hay hombre y mujer hay dualidad, como donde hay noche y día, alma y cuerpo o querer y desquerer. Los niños ya lo dicen cuando cantan que los que se pelean se desean, y el sentido común lo reafirma con su ni contigo ni sin ti. ¿Cómo mezclar la libertad con el encierro? ¿Cómo negar lo que se quiere y querer lo que se niega? No se puede. Igual que el poeta, cantante, demostró que se puede querer a dos mujeres, yo intento demostrar que no se puede querer a ninguna, y a todas. Y a ti por encima de todas ellas. Ser la única pero una más. Ser ninguna y todas las demás.

Yo soy aire, tu eres tierra. Yo me muevo y tú permaneces. Si te quiero te acaricio, y si no te erosiono. Por ti puedo ser una leve brisa. Por ti un huracán. Por ti me condensaría y te regaría para adivinar qué frutos crecen. Y por ti ascendería para alejarme lo más posible.

Hace dos años, tres en realidad, me fui lo más lejos que pude. Y sin embargo seguí teniéndote tan cerca. Ahora he perdido, tal vez de forma demasiado voluntaria, otra oportunidad de volver a acercarme. ¿Qué habría pasado? Te puedo contar mil cuentos, unos tristes y otros alegres, como hacía antes. Puedo inventarme de nuevo nuestro amor, o convocar a nuestro odio. Puedo ser un amante perfecto o un perfecto hijo de puta. Puedo decir que te he buscado y te he encontrado. O que fuiste tú quien me buscó, a pesar de todo. Pero no hará falta. No hará falta porque no es posible ya. Porque hoy te quiero cerca y te escribo con palabras prestadas, pero mañana tal vez te vuelva  a querer lejos y te mienta diciéndote que te quiero, con mis palabras mentirosas. Y sienta lo que siente, diga lo que diga, estás lejos. Y mi naturaleza es esa. El aire quiere lo que no tiene, quiere la parte física, la suavidad y la aspereza, que sólo la tierra, de entre los 4 elementos, puede darle. Y así debe ser. Ahora te lo digo yo, pero porque ya lo dijeron otros antes.

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