Algunos, dicen, ven el futuro en tazas de té. Otros, menos afortunados, indagan su pasado en el fondo de vasos whisky. José, tan humilde como su nombre, se limitaba a ver pasar el presente a través de los cristales de la vieja mercería.

Lo que pocos sabían, y nadie que no lo supiera jamás sospecharía, es que este chico; bueno, este hombre, vive una doble vida. Durante las tardes es José, el melancólico y poco hablador dependiente de la mercería, que observa el barrio a través de su escaparate cuando no tiene a quien despachar. Pero al caer la noche, implantes de silicona de quita y pon y rímel mediante, se transforma en Trini, la Reyna de la Sábana (no la confundas con la Sabana, chato, que allí hace demasiado calor); el mayor espectáculo travesti de toda la ciudad, y seguramente de todo el país.
La mercería, y su pelo rubio cortado al dos los heredó de su madre. El gusto por transformarse y la larga peluca morena de pelo natural, de su padre. El desparpajo en el escenario y la sorna con la que trata a quienes se le insinúan o se insinúa a los que no lo hacen, es sólo cosa suya. Al igual que la timidez, el ligero tartamudeo y la mirada esquiva cuando despacha por las tardes.

No se trata, precisamente, de un héroe arquetípico, como supondréis. Pero tampoco la aventura en la que, tal vez, un día se vea inmiscuido lo será. Sin embargo, es pronto todavía. Guardemos su perfil y dejémosle en su tienda, mirando a las hijas de doña Roberta por el cristal del escaparate, jugando ellas con el elástico y el con una madeja de lana.

Y si queréis asomados al futuro, a lo que tal vez un día le ocurra, por ahora sólo puedo recomendaros que bebáis té y busquéis el el futuro.2

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