Sucede que imagino. No es algo que pueda evitar con facilidad. Vaya, ni siquiera trato de evitarlo. Pero sucede. Puede pasar a cualquier hora del día; pero especialmente, por la noche. Por la noche cuando sucede que imagino.

Sucede que imagino a horas algo intempestivas. Casi parece que me haya desvelado en sueños; pero no. Lo cierto es que nunca llego a dormirme del todo. Y es en esas horas cuando pasa. En esas horas, por la noche, cuando sucede que imagino.

Sucede que imagino que entre la neblina, por la rendija del párpado, me visitas. No es una aparición ni una ilusión. Ni siquiera es realidad, sólo es imaginación. Pasa que vienes a mi lado. Vienes a mi lado en esas horas, por la noche, cuando sucede que imagino.

Sucede que imagino que me hablas, y te respondo. Que todo sigue igual que la noche anterior, que reímos y a veces lloramos. Que nos nos enfadamos pero más o menos lo arreglamos. Que nos damos las buenas y malas noticias. Pasa que vienes para acompañarme. Para acompañarme vienes a mi lado en esas horas, por la noche, cuando sucede que imagino.

Sucede que imagino que seguirás aquí al día siguiente. Y me equivoco. Como toda buena imaginación, no haces caso de mis deseos, sino que haces lo que quieres y como lo quieres; a tu antojo vas y vienes. Pasa que nunca se si te quedarás. Nunca se si te quedarás cuando, para acompañarme, vienes a mi lado en esas horas, por la noche, cuando sucede que imagino.

Sucede que imagino que, aunque sea con breves visitas, seguirás viniendo, seguirás estando. Y de nuevo me equivoco. Eres una imaginación fugaz, volátil, demasiado ligera para quedarte en un mismo sitio tanto tiempo. Algún día te cansarás y no volverás. Pasa que te temo. Te temo porque nunca se si te quedarás cuando, para acompañarme, vienes a mi lado en esas horas, por la noche, cuando sucede que imagino.

Sucede que imagino que tu también imaginas. Tu imaginas que sucede, que te vas, que me dejas igual que estaba antes de conocerte, de imaginarte. Imaginas que sucede que todo seguirá igual, que no recordaré nada, y que tu tampoco tendrás nada que recordar. Y tendrás razón, pero sólo a medias. Porque cuando una imaginación dura tanto, nunca se acaba de olvidar. Pasa que imaginas que sucede. Imaginas que sucede que te temo porque nunca se si te quedarás cuando, para acompañarme, vienes a mi lado en esas horas, por la noche, cuando sucede que imagino.

Y mientras sucede que imaginas, y yo imagino que sucede, sólo queda esperar cada noche, rezando absurdamente para que no sea la última. Todavía no. Todavía puede suceder que los dos imaginemos que sucede.

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